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Soy director en la firma Centinno y asesor del CREA Villaguay. El ciclo de retorno de algunas actividades se puede medir básicamente por la recuperación de la expectativa, al encontrar nuevamente más oportunidades que amenazas. La actividad ganadera a partir de la recuperación de precios (que se produjo hace un año atrás), asociado a la caída del precio de los granos a nivel internacional y a un cambio de rumbo político ha generado que el negocio en algunas zonas “antiguamente” mixtas este nuevamente en cartelera.

 

Ahora, este retorno ¿se debe solamente a una vocación ganadera o a una estrategia de negocios? Si se define la vocación como “el deseo de emprender una carrera, profesión o cualquier otra actividad cuando todavía no se han adquirido todas las aptitudes o conocimientos necesarios”, podríamos decir que la frazada queda corta para tomar tal decisión de ingresar o reingresar.

 

Aunque también se puede ver la vocación como “un llamado que nos orienta sobre lo que queremos en la vida” y que esto lleva a parte de la felicidad de cada persona, en este caso se podría justificar el ingreso. De todas maneras, no alcanza solamente para encarar la ganadería y para ello se debe agregar la estrategia del negocio.

 

Esto significa que se debe pensar anticipadamente con qué objetivo se va a realizar la actividad, armar el plan integrado a la empresa y ver si realmente genera el cambio o el impacto esperado. ¡Se logra pensando anticipadamente, antes que el ímpetu por hacer gane la partida!

 

En esta tarea de pensamiento y análisis, se deben considerar todas las variables que influyen en la actividad, ver cómo interactúa y fortalece a la empresa en general. Si se encuentran debilidades, hay que ver cómo se pueden solucionar.

 

La sensación que tengo en la ruta y/o en los campos es que hay más ímpetu que plan, y creo que es sumamente necesario reforzar el concepto de trabajarlo.

 

En la construcción del mismo se debe tener en cuenta el impacto que generaría en la empresa, tipo de ganadería a realizar, las variables que lo afectan, la sinergia con la agricultura (si la hay), los aspectos comerciales, el impacto financiero, el estudio impositivo, las construcciones o necesidad de instalaciones, el armado del equipo de trabajo, el impacto del crédito, entre otras. Como se ve, no son pocas las cuestiones a analizar y vale la pena tomarse el tiempo, sobre todo cuando las inversiones no son bajas y el negocio no es de corto plazo.

 

Una vez aprobado el mismo hay que definir la implementación. ¿Se entra con todo o gradualmente? ¿Se tienen los recursos forrajeros para dar de comer a la hacienda? ¿Cómo busco la gente y armo el equipo de trabajo en estos tiempos difíciles de conseguir gente para el campo? ¿Cómo está la relación de precios del capital que tengo con respecto al negocio que se entra? Para responder esta y otras preguntas hay que poner responsables y tiempos de ejecución.

 

Mi experiencia me dice que el plan no va a salir tal cual como se planeó, pero el camino a recorrer tendrá más previsibilidad y probablemente menos piedras en el camino. Por ello es importante trabajar con vocación, pero si es con un plan mejor!

 

Rolf Muller

La Nación

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