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manejo del ganado vacuno

 

El aumento de la productividad diluye las emisiones por kilo de carne o litro de leche.

 

La forma de mitigar las emisiones de gases a la atmósfera por la ganadería vacuna genera un hecho inédito: poner de acuerdo a los ambientalistas con los productivistas.

 

Partiendo de la base que no es fácil mitigar las emisiones de la ganadería en términos absolutos, sí se hace posible diluirlas por unidad de producto.

 

“El aumento de la productividad de los sistemas ganaderos permitiría reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI)”, asegura Guillermo Berra, coordinador del grupo de Fisiología Animal del INTA Castelar.

 

Los principales gases de efecto invernadero generados por los rumiantes son el óxido nitroso y el metano. El metano es producido en el interior del rumen por la fermentación bacteriana de los forrajes y es eliminado por la eructación a lo largo del día. Mientras que el óxido nitroso es generado por defecciones de materia fecal y la orina. Un bovino adulto de 500 kilogramos de peso eructa diariamente entre 200 a 250 litros de gas metano.

 

“Se estima que en el mundo hay en existencia unos 1300 millones de bovinos y las emisiones generadas por la ganadería son hoy de profunda preocupación a nivel internacional según el Informe de FAO del año 2006 ” Livestock Long Shadow” (La Larga Sombra del Ganado) esta actividad es responsable del 18 por ciento de las emisiones de GEI mundiales”, afirma el investigador de INTA.

 

En la Argentina, de acuerdo con la Segunda Comunicación Nacional presentada al IPCC (Panel Intergubernamental para el Cambio Climático), la ganadería es responsable del 30% del total de las emisiones de gases GEI y si le sumamos el sector agrícola juntos constituyen el 44% de las emisiones.

 

Eficiencia y emisiones

 

La recomendación es reducir las emisiones de metano provenientes del ganado vacuno mediante la implementación de estrategias que no impliquen costos para el productor y con tecnología que se encuentre disponible.

 

“Reducir emisiones en ganadería, es pensar en cómo la producción de carne y leche deben mejorar su eficiencia para reducir las emisiones de GEI por unidad de producto”, afirma Berra.

 

La estrategia entonces se orienta a mejorar la nutrición, la reproducción, la sanidad y la genética a las distintas actividades ganaderas. Al implementar este paquete de mejoras, los campos de cría logran más terneros, los establecimientos que engordan, ya sea a corral o en forma pastoril, obtienen más kilos y los tambos producen más leche por vaca. De esta forma se logra mejorar la eficiencia productiva y al mismo tiempo reducir las emisiones por kilogramo de carne o litro de leche producida.

 

En el caso de mejorar la nutrición, se propone no sólo un aumento en la producción del forraje, sino también su mejor aprovechamiento.

 

Los ensayos demuestran que los alimentos de alta digestibilidad producen mayor cantidad de carne y leche y también menos metano.

 

“Un animal más eficiente tendrá menores emisiones de metano por kilogramo de carne o litro de leche producido. Es decir que la demanda de productos de origen animal podría cubrirse con la misma cantidad de cabezas. Queda claro que podemos reducir las emisiones a la atmósfera, sobre todo cuando desde los países desarrollados proponen que los alimentos se acompañen con rótulos con la huella de carbono como indicador de las emisiones de gases GEI”, concluyó el investigador del INTA.

 

La Nación

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